Por Adriana Sandoval
El peso corporal ha cargado con distintos significados a lo largo de la historia. Hubo un tiempo en que el sobrepeso era símbolo de riqueza y abundancia; hoy, en cambio, la delgadez y los cuerpos musculosos se han convertido en sinónimo de disciplina, éxito y, lo más delicado, belleza. Esta distorsión cultural ha complicado la percepción de la salud: el peso, que debería ser un parámetro clínico para evaluar riesgos, se ha transformado en un símbolo de valor personal.
A menudo les pregunto a mis pacientes: ¿te sientes menos atractivo si te dicen que tienes la presión arterial alta o el colesterol elevado? ¿Y si te dicen que tienes sobrepeso? Ambas son señales de riesgo, pero las respuestas emocionales son abismalmente distintas. El peso es el único indicador de salud que, además, altera la percepción que tenemos de nosotros mismos.
Y esto es preocupante. Nos guste o no, el peso sigue siendo una herramienta sencilla para detectar posibles cambios metabólicos que pueden aumentar el riesgo de diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares. Sí, puedes tener un ligero sobrepeso y estar sano, pero llegar a esa conclusión requiere evaluar muchos otros aspectos. Del mismo modo, puedes ser delgado y tener alteraciones metabólicas; la delgadez no es garantía de bienestar. En un país donde muchas personas no tienen acceso fácil —por cuestiones económicas o territoriales— a estudios de laboratorio o chequeos más específicos, la báscula y la cinta métrica siguen siendo herramientas accesibles para detectar señales de alerta. En la consulta clínica el peso sigue siendo importante, pero no hablamos de talla, nos referimos a evitar riesgos de salud, tener energía y sobre todo, mejorar la calidad de vida.
Sin embargo, en el discurso social, el peso corporal suele estar cargado de un simbolismo injusto: lo interpretamos como disciplina o desidia, belleza o descuido, virtud o defecto. Pero el cuerpo no es una declaración moral. Es un territorio biológico moldeado por factores genéticos, hormonales y ambientales, ajeno a los juicios simplistas.
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