Por Ana Cecilia Pérez
Un día cualquiera ves a tu hijo concentrado en su celular, jugando, viendo TikTok o revisando WhatsApp. Lo que no ves es que alguien más también puede estar ahí.
Alguien que no juega. Que observa. Que espera el momento perfecto para hablarle bonito, ofrecerle dinero, hacerle sentir especial... Y meterlo en una red que no entiende del todo.
Hoy, el crimen organizado ya no toca la puerta. Entra por la pantalla.
Y aunque parezca increíble, están reclutando niños y adolescentes desde redes sociales y videojuegos. Les prometen dinero fácil, respeto, “una chamba”. Les piden favores que parecen inofensivos: “vigila esta calle”, “lleva este paquete”, “pásame información”. Lo que realmente están haciendo es usarlos, envolverlos y dejarlos atrapados en una red que puede costarles la libertad, su salud mental o incluso la vida.
No es ficción. No es exageración. Es lo que está pasando en México y América Latina.
Desde mi experiencia trabajando en el ámbito de la ciberseguridad familiar, he escuchado testimonios que parten el corazón. No he tenido contacto directo con niños reclutados, pero sí con casos preocupantes: niños con ansiedad por haber sido contactados por extraños en redes sociales y que no se atreven a contárselo a sus papás; niños de apenas 6 años con acceso totalmente abierto a plataformas digitales, mintiendo sobre su edad para crear cuentas.
Todo esto nos muestra que el riesgo no es lejano. Está ocurriendo. Y muchas veces, ocurre en silencio.
Consultando con especialistas en salud mental infantil, el patrón es claro:
- Los reclutadores saben exactamente cómo hablarle a un adolescente que busca atención, reconocimiento o una salida económica.
- Los jóvenes no siempre identifican que están siendo manipulados.
- El silencio, el miedo o la vergüenza los aísla, y es ahí donde el riesgo se vuelve más grande.
¿Por qué los niños y adolescentes son el blanco perfecto?
El crimen organizado busca a los más jóvenes porque:
- Son menos visibles ante la ley: en muchos casos, las penas para menores son mínimas.
- No levantan sospechas: un niño en la calle o en redes no parece una amenaza.
- Son más influenciables emocionalmente: buscan aprobación, pertenencia, atención.
- No siempre entienden que están siendo usados.
Los reclutadores lo saben, y se aprovechan de eso.
Los contactos ocurren en:
- WhatsApp y Facebook: usados para iniciar contacto y cerrar “acuerdos”.
- Instagram y TikTok: muestran lujos, estilo de vida narco o glamour del dinero fácil.
- Videojuegos como Free Fire, Fortnite, Call of Duty o GTA: a través de chats de voz o texto.
- Discord y Telegram: para moverse a conversaciones más privadas y encriptadas.
Frases comunes que pueden parecer inofensivas pero no lo son:
- “Me jalaron para una vuelta”
- “La empresa me va a pagar”
- “Nomás vigilo y ya”
- “Es dinero fácil, nadie se entera”
También usan emojis con doble sentido: 🔫💰🚗🎮😈🤫 Y palabras disfrazadas: encargo, jale, halcón, movida.
Si ves cambios de conducta, regalos inexplicables, nuevos contactos extraños o lenguaje inusual, no ignores las señales.
¿Qué podemos hacer como madres y padres?
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