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Por Laura Pérez Cisneros

  A la reina Sofía de España no le gustaba la caza, por eso su esposo a sus anchas fue a la finca “La Encomienda de Mudela” la estaba pasando bomba entre risas, vinos, rifles y mujeres. Corría el año 1975, como esas escenas de telenovela que hemos visto, “Juanito” fue “cazado” por la reina con su presa en los brazos y  olor a sexo, fueron segundos de sostenerse la mirada, la decepción y el odio se combinaron en un agrio cocktail, Sofía de Grecia y Dinamarca salíó de la finca llorando,  era la primera de muchas.

  Al llegar al Palacio de la Zarzuela, preparó maletas, guardó la infidelidad en el pecho ahí donde sientes como te corre como una cascada por dentro las lágrimas cuando sufres, preparó a sus tres niños: Elena, Cristina y el pequeño Felipe, y tomó un avión rumbo a la India. Al encontrarse con su madre, la reina griega Federica, estaba decidida a no volver y divorciarse pero  en  lugar de apoyo, le ordenó regresar a Madrid, poner a la monarquía como prioridad antes que sus sentimientos de mujer engañada y le recordó que estaba criando al futuro rey de España. Sofía regresó a casa con sus niños, pero a partir de ese momento no volvió a compartir el lecho con el rey, lo que al final para el “Juanito” – como ella le llamaba- fue hasta un premio, tener más libertad y vaya que el monarca mujeriego lo aprovechó, en su caso no hubo duelo.

  ¿Cuántas mujeres en el mundo cada una en  “su propio reino” han tenido que hacer lo mismo, agachar la cabeza, no hacer ruido, no defenderse, mientras el esposo hace trizas ”El castillo” que juntos construyeron? El dolor que sufre una  mujer engañada atenta la autoestima y viene más, el  auto reclamo de no sentirse suficiente. Cuando ven su reflejo en el espejo, se lanzan  esas miradas cargadas de  coraje de sentirse la más estúpida del mundo, y se repiten como un mantra “¿Cómo pude ser tan ciega?”  Sofía  con  todo  ese linaje real de ser hija del Rey Pablo de Grecia, reina emérita, madre del rey de España  lo ha hecho por décadas y en sus actos públicos mantiene un temple de hierro, sonríe, estrecha manos, da discursos .

Para la abuela de Leonor y Sofía eso se convirtió en su única opción de vida, fingir “Que no pasa nada” mientras cada mujer que se metía a la cama del Rey ha sido una herida no sólo en el corazón sino en el alma de la reina .

  En estos últimos días en la conversación y en los medios en México han estado nuevamente casos de abuso  en todos los sentidos contra mujeres, porque la humillación y la violencia van engarzadas, no respetan ni colores ni estatus, agarran parejo y hasta reinas como el caso de Sofía de España, quien es una más de esa lista. 

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