Por Lilia Aguilar Gil
No se trata solamente de una persona, se trata de un hecho que lastima profundamente a las mujeres. El caso del fallido desafuero del diputado Cuauhtémoc Blanco evidencia un sistema de justicia que no funciona, que pone en una grave desventaja a las víctimas. Parece que las mujeres somos quienes debemos no solo presentarnos a denunciar, llevar todas las pruebas de lo que señalamos y además de todo, pruebas irrebatibles, vaya, hacerle el trabajo a las fiscalías y evitar que desechen un caso debido a una mala integración de la carpeta de investigación correspondiente.
Esto es como llegar con una denuncia, con lo díficil que debe ser hablar y relatar un caso de violación o presunta violación y que en la ventanilla te digan simple y llanamente: “no gracias”. La impunidad continúa siendo la única puerta que se abre cuando de violencia de género se trata.
Estudios recientes en México estimaron que más del 70% de 50.5 millones de mujeres y niñas mayores de 15 años han experimentado algún tipo de violencia en sus vidas, de las cuales el 11% experimentó violencia en sus hogares(1). Esto es alarmante, 7 de cada 10 mujeres en México hemos sido violentadas, pero eso parece no ser importante, los números son fríos, no tienen rostro hasta que surge un caso y lo reconocemos, nombramos a esas mujeres y conocemos parte de la historia.
El caso de Nidia Fabiola tiene un ingrediente extra, su presunto agresor es una persona con poder y que lo ha usado para evadir presentarse ante la justicia y ser investigado. Y es este el hecho que más frustra, porque por si no fueran pocas las desventajas con las que nos enfrentamos en un proceso, además de eso, el posible agresor tiene el manto del fuero, es decir, un privilegio que permite que los legisladores no sean juzgadas.
El fuero, figura creada hace 100 años, ya está completamente rebasada. Pero a personas como a Blanco Bravo, obviamente le funcionan para evadir la justicia, y eso es lo que decepciona, lo que nos hace repensar si vamos en el camino correcto en la impartición de justicia, aunque la respuesta obvia parece evidente.
Nadie estaba prejuzgando, nadie decía si es culpable o no el diputado Cuauhtémoc Blanco, eso no nos corresponde a nosotras decidirlo, lo que si señalamos fue que la Sección Instructora debía haber hecho su trabajo, no hubo exhaustividad, no hubo apego a la norma y esa opacidad no puede ser en la Cuarta Transformación.
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