Por Lillian Briseño
La tentación de hablar sobre las pasadas elecciones y la manera en la que los candidatos de Morena arrasaron en el país me ganó y reconozco que aquí estoy, claudicando al impulso de hacerlo.
Es difícil escribir sin repetir lo que muchos han dicho en las columnas, en las redes, en los espacios públicos y privados, porque pareciera que, a pesar de que fue un triunfo arrollador, sigue habiendo gente empecinada en creer que hubo un fraude de por medio.
Irregularidades sí, sin duda, pero orquestar un megafraude en el que están implicadas casi millones de personas en el proceso y más de 160 mil casillas, es prácticamente imposible de sostener. Máxime si casi todos los que participaron son miembros de la sociedad civil.