Por Sofía Guadarrama Collado
Ayer, 1 de abril de 2025, Claudia Sheinbaum cumplió seis meses como presidenta de los Estados Unidos Mexicanos.
Para muchos, Claudia Sheinbaum representó (y representa) un suspiro en la historia de México, un renacer, un giro en el timón. Por primera vez, México tendría a una mujer en la presidencia. Una mujer que entendería y atendería las necesidades de las mujeres. Una mujer que no se callaría ante los feminicidios, sino que los castigaría y lucharía para reducirlos hasta llegar a cero. Una mujer que se vestiría de morado y verde y se uniría a la marcha del 8 de marzo. Una mujer que le pondría un alto al heteropatriarcado. Una mujer que pondría el nombre de México muy alto.
Para quienes no votamos por ella, estos seis meses no fueron ninguna decepción. No hubo engaño. Sabíamos que no habría ningún cambio. Estábamos conscientes de que no le cambiaría una coma a las reformas propuestas por Andrés Manuel López Obrador. Desapareció a los organismos autónomos, asesinó al INAI, deshabilitó al mayor órgano de transparencia del país y aplastó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para convertirla en la calca de un circo, en el cual los bufones hacen campaña para que los elijan como leones.
Seis meses que se pueden resumir en la desaparición de los órganos autónomos, la Reforma Judicial, los jaloneos con Donald Trump, las cachetadas a China para darle gusto al presidente de los Estados Unidos, el relanzamiento de «Hecho en México» y pura propaganda.
Seis meses de más pan con lo mismo: más cuatroté menos democracia. Más autoritarismo, menos transparencia. Más misoginia, menos feminismo. Más propaganda en las conferencias mañaneras, menos rendiciones de cuentas. Más demagogia, menos honestidad. Menos homicidios, más desaparecidos. Más acuerdos con los sindicatos de maestros, menos calidad en educación. Más apoyos sociales, menos bienestar social. Más soldados en las calles, menos seguridad. Más centros de adiestramiento y exterminio, menos apoyo y consideraciones con los familiares de las víctimas. Más encubrimiento a violadores y más violencia de género. Más cínicos y menos comprometidos con las causas. Más propaganda, menos presidenta. Más confeti, menos resultados.
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