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Por Sophia Huett

Era una mañana cualquiera. El bullicio escolar apenas comenzaba cuando un hallazgo escalofriante detuvo la rutina: el cuerpo sin vida de una niña de dos años, oculto en una maleta. Su hermana de cuatro años había sido dejada con su abuela días antes, y su madre, junto con su pareja, estaba desaparecida. Nadie respondió por ella a tiempo, nadie intervino para salvarla.

Casos como este nos obligan a cuestionarnos: ¿Dónde estaban las instituciones encargadas de velar por la seguridad de la infancia? ¿Cómo es posible que una niña que sufría violencia constante terminara con un desenlace tan trágico? La respuesta apunta a un sistema fallido donde la entidad encargada de proteger a niños en riesgo, a menudo se convierte en un órgano burocrático que prioriza la entrega de despensas y cobijas sobre la verdadera atención a la niñez.

Lo más indignante es que este caso había sido atendido recientemente por el Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) del municipio. En una decisión apresurada, la niña había sido reintegrada a su familia sin un análisis profundo de todas las variables que pudieran poner en riesgo su bienestar. En el mejor de los casos, la decisión fue tomada por un equipo "multidisciplinario" con información insuficiente; en el peor, fue el criterio de una sola persona con una plaza de psicología dentro del DIF, sin la capacitación ni la supervisión adecuada para tomar una determinación de tal magnitud.

Cuando un alcalde o alcaldesa asume el cargo, la seguridad es el tema estrella. Se habla de policías, patrullajes y operativos, mientras que la protección infantil queda relegada a un segundo plano, administrada muchas veces de manera simbólica por la pareja del o de la edil en turno. Pero el DIF no debería ser un accesorio de la política municipal; su gestión impacta directamente en la vida de miles de niños y niñas que dependen de él para sobrevivir y desarrollarse en entornos seguros.

La ineficiencia del sistema no es un tema menor. En distintos municipios, ha habido casos de niños que fueron separados de sus familias sin evidencia suficiente, al igual que ha sucedido lo contrario: menores que, pese a estar en entornos peligrosos, no fueron protegidos adecuadamente. Historias de pequeños que pasan años en casas hogar sin seguimiento, de niños que son devueltos a entornos violentos por falta de supervisión, reflejan que la toma de decisiones en el DIF es a menudo improvisada y carente de protocolos claros.

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