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Por Tatiana Adalid

A pesar de la creciente participación de las mujeres en distintos ámbitos económicos y en la educación formal, su presencia en el mundo científico sigue siendo limitada – una de cada tres en el mundo y 38% en México-. Las instituciones y organizaciones han identificado desde hace algunos años que es necesario intervenir en temas de promoción de carreras ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), difundir más el trabajo de mujeres que sean modelos a seguir y reducir los estereotipos. Las iniciativas para atender estos temas aún no han sido suficientes para alcanzar la paridad en espacios donde se genera y se controla el conocimiento. 

El 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un momento justo para cuestionarnos si no estamos omitiendo condiciones que detienen una mayor participación.

A lo largo de los últimos 2 años y medio, he estado conversando con especialistas sobre la realidad de niñas y adolescentes en México y el mundo. En ese tiempo, he encontrado que las mujeres nos vamos desdibujando porque la mayoría de las cosas se valoran en unidad de medida “hombre”: por ejemplo tardan más en diagnosticar niñas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) porque son distraídas o soñadoras y “no molestan”, lo que no entra en las características normalmente asociadas a esta condición. En deporte, un mayor porcentaje de mujeres no cumple con las recomendaciones de actividad física (49.5%) comparado con los hombres (34.8%); en España, los estudios muestran que en la adolescencia se va diluyendo la práctica del deporte; en la vida cotidiana significa que menos niñas se inscriben a los torneos en las escuelas por más que los maestros o maestras las inviten.

Y en la ciencia también hay esta pérdida de interés de las niñas por temas científicos. Según un dato muy difundido que cita al informe PISA, 28% de los niños quiere estudiar ciencias o ingenierías a los 15 años frente a tan sólo el 9% de las niñas mexicanas.  En carreras científicas la tendencia se mantiene: en ciencias naturales, matemáticas  y estadística el 44% de las personas inscritas son mujeres, pero este porcentaje cae a la mitad cuando hablamos de las Tecnologías de la Información y Comunicación.

Pero, hay espacios de la ciencia donde las mujeres tenemos más presencia. De acuerdo con datos del Anuario Estadístico de la ANUIES, las mujeres ocupan 56% de la matrícula en ciencias biológicas y ambientales. ¿Por qué cambia la tendencia? ¿Será que tiene más sentido para ellas cuidar la vida y el medio ambiente que generar millones de bits? ¿Qué tipo de ciencia se está promoviendo? ¿Estamos incluyendo a las mujeres y sus necesidades en las líneas de investigación?

Históricamente, hay mucha más investigación sobre las necesidades y problemáticas de los hombres. Veamos en la medicina. Durante décadas, los ensayos clínicos se han realizado mayoritariamente en hombres, lo que ha derivado en tratamientos menos eficaces o incluso riesgosos para las mujeres. Condiciones que afectan específicamente a mujeres y niñas, como la Endometriosis o las enfermedades autoinmunes como el Lupus, siguen estando sub investigadas, lo que perpetúa diagnósticos tardíos y tratamientos inefectivos; hace unos días leíamos del movimiento vestido rojo para visibilizar males cardiacos en mujeres que han sido pasados por alto provocando falta de atención oportuna.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.