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Por Yolanda Morales

   (Una carta a Sofía, la hija de Servando Salazar, desaparecido en su trabajo)

Naciste el 7 de marzo de 2025, en un mundo que aún tiene muchas respuestas pendientes para ti. Tu papá, Servando Salazar, desapareció la tarde del viernes 23 de agosto de 2024. Salió a trabajar y no regresó. Desde entonces, su ausencia se convirtió en una herida abierta, en preguntas que resuenan sin cesar: ¿A dónde se van los desaparecidos? ¿Quién lo desapareció? ¿Por qué? ¿Quién sabe dónde está tu papá? ¿Por qué entró a una empresa y esa misma empresa no sabe qué pasó con él?

Quiero que sepas que tu mamá, Wendy, ha luchado cada día desde ese momento. Ha pasado noches enteras buscando respuestas, reconstruyendo minuto a minuto el último día de tu papá, preguntando quién lo vio, quién habló con él por última vez, quién pudo haberlo visto salir. Y mientras todo eso pasaba, tú crecías en su vientre. Apenas tenía tres meses de embarazo cuando su vida cambió para siempre.

Tus hermanas también han vivido esta incertidumbre, tratando de entender lo que pasó. Tus papás se conocieron hace más de nueve años. Ambos son de Veracruz, pero la vida los llevó a encontrarse en Tijuana, la ciudad donde tú y tus hermanas nacieron.

Hoy, tres personas han sido detenidas en relación con la desaparición de tu papá, pero aún hay demasiadas preguntas sin responder. Se ha exigido justicia, cuestionado a las autoridades, preguntado por qué la empresa donde él trabajaba nunca fue clausurada. Muchas versiones se dicen, pero hay algo que sí es seguro: tu mamá ha luchado con todas sus fuerzas para que a ti y a tus hermanas no les falte nada. Son cuatro mujeres: la mayor tiene 14 años y tú, Sofía, apenas llevas una semana en este mundo.

Pero la historia de tu papá no es la única. En México, más de 110,000 personas siguen desaparecidas, la mayoría de ellas desde 2007. Baja California, el estado donde naciste, ha sido uno de los más golpeados por esta tragedia, con casi 5,000 personas que, como tu papá, salieron de casa y nunca regresaron. Detrás de cada uno de esos números hay una familia esperando respuestas, hay una madre, un padre, una esposa o unos hijos que siguen preguntándose dónde está su ser querido. En cada marcha, en cada pancarta, en cada grito de justicia, tu papá y todos los desaparecidos siguen presentes.

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